21/8/2007 - American Field Service, Vivencias que Ayudan a Construír la Paz Mundial
Con este sugestivo titular, el diario El Universo de Guayaquil publicó, en su revista dominical del 12 de agosto, un artículo de dos páginas, a propósito de la celebración del 60 Aniversario de AFS Programas Interculturales.
Algunos párrafos de la reseña, con redacción de Manuela Botero:
Juan Rodríguez lo dice con toda certeza: “Somos la primera organización en Ecuador en dedicarnos a los intercambios interculturales”.
Rodríguez es el director nacional de AFS Ecuador, una organización que surgió durante la I Guerra Mundial cuando un grupo de voluntarios estadounidenses formó un cuerpo de choferes de ambulancia que prestó sus servicios en varios países europeos. Una vez concluida la II Guerra Mundial los voluntarios creyeron importante continuar promoviendo el acercamiento de los pueblos del mundo a través de un sistema de intercambios de jóvenes.
En el 2008 se cumplen 60 años desde que Ecuador, primer país latinoamericano en participar de este programa, envió a su primer pupilo: Gerardo Moncayo Moncayo, nieto del general de la Revolución Liberal Julio Andrade, quien ganó en 1948 el concurso de merecimientos (ver recuadro).
Hoy en día más de 2.000 estudiantes ecuatorianos han tenido la experiencia de vivir en otros países (actualmente el programa tiene una red de 50 países) y sumergirse a fondo en otras culturas.
Para los ecuatorianos que quieren participar de este intercambio, ya sea porque se enteraron a través de la página web (www.afsecuador.org) o de las visitas que se realizan a los colegios, el programa de un año tiene un valor de $ 7.000, que incluyen pasajes aéreos, cobertura médica en el país anfitrión, transporte escolar y libros de estudio. La alimentación corre por cuenta de la familia que los recibe y los gastos de bolsillo los cubre el estudiante.
Sin embargo, Julieta Caicedo, médica endocrinóloga que participó del programa en 1968, dice que en esa época ya Estados Unidos no subvencionaba el programa y su padre tuvo que pagar $ 500 en seis cuotas. “Era mucha plata en ese tiempo, pero esa experiencia fue una influencia grande en mi vida y para siempre”.
“Aunque ahora con la globalización se conoce más del mundo, es diferente vivir una experiencia con una familia de ese país. Ayuda a la formación de la personalidad, a estar uno solo, a tomar decisiones por propia cuenta y se aprende a conocer las diferencias y a respetarlas”, señala Caicedo, quien estaba en 5º curso en el colegio Dolores Sucre de Guayaquil cuando ganó un concurso entre 300 chicos que aplicaban al mismo programa.
Sus méritos y los azares de la vida la llevaron a Montana, un estado ubicado al noroeste de Estados Unidos, cerca a Canadá. “Yo llegué en agosto y las chicas allá andaban con short y yo ya con suéter… Para mí era como irme a Cuenca. Luego me moría de frío pero conocí la nieve, aprendí a esquiar y a patinar en hielo”, cuenta Julieta, quien a partir de ese momento les sumó a su familia ecuatoriana cuatro hermanas más y un padre y una madre con los que sigue en estrecho contacto.